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Fiestas y tradiciones

Además de las celebraciones más importantes- Navidad, Semana Santa, Día de Todos los Santos, etc.-, todos los pueblos y ciudades, e incluso los barrios y profesiones, tienen sus propios santos patrones cuyas fiestas duran varios días. Son fiestas importantes que no impiden la celebración de otras fiestas en honor de otros santos. La mayoría de celebraciones importantes son en verano y otoño, siguiendo la época de la cosecha. Esta es la justificación para fiestas como los Sanfermines en Pamplona, las Fallas de Valencia, la Feria de Abril de Sevilla y San Isidro en Madrid.

Además de estos acontecimientos populares, merecen mencionarse las diferentes celebraciones de Semana Santa, especialmente las de Sevilla.

Pero sean fiestas seculares o religiosas, siempre hay toros: los toros adultos en las plazas más importantes y los jóvenes (novillos) en las pequeñas.

La fiesta nacional, que así se llaman las corridas de toros en España, está viviendo un inesperado renacimiento, con un gran aumento de público y la aparición de una nueva generación de jóvenes toreros que se alternan con los maestros consagrados.

El toreo se realizaba originalmente a caballo y era un deporte reservado para la aristocracia. Se practicaba de dos maneras distintas: o bien el jinete y su montura se enfrentaban cara a cara con el toro, o bien lo atacaban por un costado intentando atravesarlo con la lanza durante la lucha. Gonzalo Argote de Molina fue el primero en escribir las reglas del toreo en su Libro de Montería que Alfonso XI le mandó escribir. Sin embargo las normas más detalladas sobre la práctica del toreo a caballo se escribieron a mediados del siglo XVII.

Los ayudantes sólo estaban para entregar las lanzas a sus señores o ayudarles a subir al caballo si se caían durante la lucha.

La transformación radical del toreo tuvo lugar cuando Felipe V prohibió a los nobles su práctica ya que consideraba este deporte como un mal ejemplo para la educación del público.

Desde entonces los ayudantes de los aristócratas, gente del pueblo, les reemplazaron y comenzaron a torear desarmados, esquivando al toro, saltando por encima de él con una vara, alzando pequeñas lanzas (origen de las banderillas actuales) y también valiéndose de objetos o trapos para evitar a las bestias; un pasatiempo que caló tan hondo y se hizo tan popular que eminentes investigadores como Thebusen y el Conde de las Navas empezaron a llamarlo "la más nacional" de las fiestas.

El paso del toreo a caballo al toreo a pie tuvo lugar hacia el año 1724. En esos tiempos no existían los carteles y las corridas de toros eran anunciadas por el pregonero del pueblo.

Se conoce muy poco de los primeros toreros hasta que Joaquín Rodriguez (Costillares), Pedro Romero y José Delgado (Pepillo) aportaron importantes contribuciones al toreo y lo profesionalizaron. Delgado trabajó mucho para promocionar y regular el arte y escribió la primera obra didáctica sobre toreo a pie.

Los ayuntamientos democráticos han jugado un importante papel en la recuperación de las celebraciones y fiestas tradicionales. Las Romerías (que se celebran cerca de una ermita), los carnavales, especialmente los de las Islas Canarias y Cádiz, bailes y procesiones han revivido en gran parte gracias a las administraciones locales. En la actualidad, el público ha recogido una amplia variedad de folklore nacional. Están las sevillanas, muy de moda en las discotecas, y abundan los grupos de muñeiras, sardanas y de jota aragonesa y castellana, mientras que cada vez hay más gente aficionada al flamenco y al cante jondo. Tal como ha ocurrido con otras tradiciones, la música y los bailes folklóricos ha sacado provecho de la modernización de las costumbres.

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Reconocimientos