Se va a pique la diplomacia al estar la guerra del fletán capturada en la Red.

The Ottawa Citizen, April 1, 1996, par Charles Gordon

He aquí algo que ustedes van a ver con mayor frecuencia en los próximos años. El Embajador de España en Canadá dice unas cosas en su página electrónica lo quele plantea problemas.

Hay una "guerra del fletán", ve usted, como la hay con tanta frecuencia, y el Embajador de España se pone en el Internet, como tantos de nosotros haremos dentro de poco, y elucubra sobre algunos defectos que ha observado en algunos canadienses, como el entonces Ministro de Pesquerías, Brian Tobin. El Embajador procede a hacer algunas otras pequeñas bromas a costa de los burócratas canadienses y del Gobierno en general.

Todos lo hacemos y nadie nos molesta. Ahora bien, no somos el Embajador de España. En este caso, alguien se da cuenta de lo que el Embajador español dice en su página electrónica y avisa de ello al Gobierno canadiense. Como de momento no existen problemas urgentes en Canadá, el gobierno canadiense aprovecha la ocasión para ponerse en acción:

Nadie sabe con seguridad cuántas páginas electrónicas tiene el Embajador español. Dado la esencia del Internet, es posible que haya muchas. Pruebe usted a buscar a alguien con un nombre y apellido corrientes, por ejemplo, Elvis Presley, y mire cuántas páginas aparecen. Hay personas que han muerto hace siglos y que tienen su página en Internet.

Cualquiera sea el motivo, el Gobierno canadiense cree haber encontrado la buena página, la lee, reacciona adversamente, plantea el tema en Madrid, como suelen decir los diplomáticos, y obtiene seguridades, como dicen los diplomáticos, de que "se tomarán las medidas apropiadas para garantizar que no haya inexactitudes en las declaraciones que sobre Canadá puedan ser introducidas en el Internet. Es probable que esto represente una victoria diplomática para nuestro país y que así se deba considerar.

Sin embargo, es triste. "A dónde puede ir un Embajador -o cualquiera en su caso- para expresarse sin que algún cotilla le mire por encima del hombro, dispuesto a ir corriendo a quejarse al Gobierno de Canadá?

Durante cierto tiempo, el concepto de la página electrónica parecía ser el conducto perfecto para la expresión personal. Usted se instala en el Internet, inserta su fotografía, una breve autobiografía, bonitas citas sobre su

propia persona, citas que usted mismo inventa si sus amigos están demasiado ocupados para hacerlo. Es la página electrónica con su nombre y apellidos, la versión electrónica de sus 15 minutos de fama Warholiana.

Mientras la gente le presta atención, les deja acceder a un buen número de declaraciones importantes que usted desea hacer sobre varios temas de importancia. Para presumir un poco, usted proporciona a sus visitantes electrónicos unas conexiones con los "sitios" de Marcel Proust, Beethoven y Aristóteles. La gloria por asociación. Luego, con el único fin de mostrar que tiene intereses muy variados, usted facilita una conexión con Uma Thurman.

En su página electrónica, puede usted expresarse libremente. La página electrónica de un hombre es su castillo.

Bueno ya es hora de buscar otro castillo. Y no sólo usted. ¿No quiere apostar que Brian Tobin también tiene su página electrónica? En esa página habría un índice, incluyendo categorías tales como Victoria sobre España, Victoria sobre los Conservadores, el Renacimiento de Terranova y Triunfos Varios. Habría conexiones con Winston Churchill, Vinos no Procedentes de la Península Ibérica y Otros Grandes Héroes del Mundo Occidental.

Ahora bien, Tobin deberá tener mucho cuidado en lo que diga en su página.

Usted sabe que su vecino tiene una página electrónica, que Bill Clinton también y el Polkaroo también y quizá también algunos de los otros Embajadores en Canadá.

¿Qué están diciendo todos? ¿De qué tendrán que disculparse? ¿Estarán algunos comparando desfavorablemente nuestro clima candiense con el de otras naciones? ¿Habrá algunos que se atrevan a decir que una de nuestras provincias ha estado en huelga? ¿Habrá algún Embajador que diga a su visitante electrónico que, de todos modos, nadie en Canadá come fletán?

¿Se pueden decir esas cosas sin arriesgarse a repercusiones? ¿Puede incluso la gente hacer inocentadas en el Internet? Se trata de un territorio virgen, en espera de que se establezcan reglas.

Mientras tanto, no nos olvidemos de que todo ese mecanismo fue puesto en marcha por alquien que consideró tenía que asumir el pesado fardo de pasar el tiempo sentado frente al ordenador leyendo la página electrónica del Embajador de España en Canada. Quizás el solitario no funcionaba.