Entre los cambios no demográficos que afectan a la sociedad española, sobresale el nuevo papel social de la mujer. Ha aumentado su nivel de educación, así como su participación en el mundo del trabajo, aumentando así su independencia económica. El nivel de igualdad legal y social de las mujeres españolas ha experimentado un continuo ascenso en los últimos cinco años.
Este cambio, iniciado en la década de los sesenta, fue posible gracias a tres factores. En primer lugar, la emigración desde las zonas rurales a la ciudad fue más importante, en términos relativos, para el hombre que para la mujer, porque significó su liberación de un trabajo no remunerado en el sector primario, especialmente tareas domésticas, y también de las rígidas éticas de la comunidad.
En segundo lugar, debe mencionarse el aumento en su nivel de educación. Aunque tradicionalmente inferior al hombre en este aspecto, ha alcanzado progresivamente el mismo nivel, sobre todo desde el establecimiento de la educación obligatoria hasta los 14 años. Es ilustrativo el gran aumento de matriculaciones en educación secundaria y superior. Durante los últimos cinco años, el porcentaje de mujeres registradas en educación superior aumentó un 40%, una cifra significativa si se tiene en cuenta que también aumentó el número total de estudiantes de educación superior. Sin embargo, la presencia de mujeres en institutos y facultades técnicas constituye sólo un 1,7% del número total de matriculaciones.
Por último, pero no menos importante, la tercera causa del cambio de estatus de la mujer, que en parte es una consecuencia de las otras dos, es su gran participación en trabajos fuera del hogar. La proporción de mujeres entre la población activa total, que en 1910 era de un 13,5%, y solamente de un 15,8% en 1950, se elevó a un 20,1% en 1960, a un 24,8% en 1981 y a un 33,3% en 1991.
