La Constitución Española define los partidos políticos como expresión de pluralismo, canales para la voluntad del pueblo e instrumentos para la participación política.
Apoya su creación y actividad y establece que su estructura y funcionamiento deben ser democráticos.
Al definirlos como elementos esenciales de la vida política, la Constitución les proporciona un marco de seguridad legal, de manera que no pongan en peligro el sistema democrático, bien por su organización o por prácticas autoritarias.
La regulación legal de los partidos políticos se encuentra en la Ley de los Partidos Políticos de 1982, donde la libertad para fundar partidos políticos es tratada en detalle, y se proporcionan algunos criterios para su funcionamiento democrático. Hasta el presente, ningún partido ha sido suspendido o disuelto por las autoridades judiciales. La Ley establece también las reglas básicas para la fundación pública de partidos. El criterio básico es la representación parlamentaria.
Con la muerte del general Franco, empezó un proceso de transición política que llevó a la creación de un Estado coherente, llevado por la modernización que tenía lugar dentro de la misma sociedad. Los principios fundamentales que sirven de base a este proyecto no podrían ser otros que los del constitucionalismo democrático. El trabajo llevado a cabo por los partidos y fuerzas políticas fueron decisivos en el proceso constituyente, hasta tal punto de ser considerado como el resultado de dos factores decisivos: la Corona y el pluralismo político-social.
En la noche de las elecciones generales de 1977, había en España un buen número de partidos y grupos políticos que presentaron muchos candidatos diferentes para su elección. El florecimiento natural del pluralismo, siguiendo la desaparición de una experiencia autoritaria, explica la proliferación de partidos de todo tipo, algunos de ellos organizados alrededor de una figura notable, mientras que otros carecían de apoyo fuera de una zona territorial limitada. Esos partidos, añadidos a los que habían estado activos en la oposición en el régimen de Franco, dibujaron una escena política muy confusa en la que era difícil encontrar ningún rastro de sistema , debido a la insubstancialidad de muchos de esos grupos.
Sin embargo, debemos separar, como una de las características más notables de ese tiempo, la operación que llevó a la creación de la Unión de Centro Democrático. Este grupo emergió como coalición electoral y estaba formado por pequeños partidos políticos, pertenecientes a la oposición moderada, y una gran cantidad de figuras independientes.
En el campo socialista, el principal problema fue establecer el peso específico de cada uno de los principales partidos de este grupo: el PSOE y el PSP, aunque el Partido Socialista Obrero Español parecía tomar forma como la fuerza principal.
El Partido Comunista, el último en ser legalizado, era la otra candidatura de izquierdas con opción a éxito electoral.
La Alianza Popular fue, si se exceptúa la Unión de Centro Democrático, la única opción de derechas con alguna oportunidad de éxito, aunque se identificaba con el régimen anterior.
Finalmente, debemos señalar la creación y el seguimiento dentro de sus respectivas regiones de los partidos y movimientos nacionalistas, de los que los ejemplos más importantes se encuentran en el País Vasco y Cataluña (PNV, Euskadiko Ezkerra, Esquerra Republicana, Convergencia Democratica, etc.).
Las elecciones del 5 de junio de 1977 simplificaron este panorama tan complejo y establecieron las bases para un sistema de partidos que se ha ido consolidando gradualmente en el curso de las elecciones siguientes de 1979, 1982, 1989 y 1993.
Los resultados de las elecciones de 1982 llevaron al poder al Partido Socialista Obrero Español, una situación que persistió hasta 1996, y la consolidación de la Coalición Popular, como se llamaba antes (ahora Partido Popular), como el segundo partido más grande del país.