Desde tiempos prehistóricos ha habido presencia humana en Cantabria. Se calcula que las pinturas de las cuevas de Altamira tienen una antiguedad de 15. 000 años y la existencia de pobladores en la región queda bien atestiguada en muchos otros lugares. Muchos siglos después, los cántabros se establecieron allí. Su fiera resistencia a la ocupación romana llevó a su exterminación. Durante la Edad Media, los habitantes de la región actuaron como retaguardia de la Reconquista y fueron tambien los fundadores de los enclaves que más tarde formarían Castilla.
Junto con Asturias, esta región fue la última en ser dominada por los romanos, cuya influencia fue muy superficial y restringida, casi por completo, a las zonas correspondientes a las ciudades que fundaron.
Después del año 409, con la desaparición del dominio romano en la península, Cantabria recuperó su independencia, que duraría hasta el 574, con la llegada de los visigodos, que crearon el ducado de Cantabria. Este nombre demostraba la identidad propia de esta zona geográfica aunque, tras un período de confusión, desapareció finalmente durante la Edad Media, cuando la parte oriental fue absorbida por Castilla y la occidental por Asturias.
El establecimiento de la provincia de Santander, ocurrido en 1833, como parte de la reforma territorial de España, dotó a Cantabria de un centro administrativo por primera vez en su historia. Este hecho dio lugar a varias iniciativas durante el siglo XIX.