Establecida como comunidad Autónoma según la ley orgánica 3/1979 del 18 de diciembre (B.O.E. 22-12-79)
El País Vasco no aparece en los textos históricos hasta el año 1200, cuando se mencionan varios pueblos que se habían asentado allí en el siglo VIII. Sin embargo, la zona estaba poblada desde hacía mucho tiempo ya que los primeros signos de actividad humana proceden del Paleolítico.
Durante el dominio romano de la península, el País Vasco permaneció fuera de su ámbito de influencia, que sólo se dejó sentir con alguna intensidad en el sur de la región. Algo similar ocurrió más adelante con la invasión musulmana. El dominio de los visigodos llevó a la creación de un ducado de Aquitania, que pagó tributo a los francos hasta los inicios de la Reconquista.
Hasta el año 1200, cuando las tres provincias vascas fueron finalmente incorporadas al reino de Castilla, hubo una alternancia entre monarquías vecinas y estuvieron vinculados, en distintos momentos históricos, al reino de Navarra, de Asturias o, más adelante, al de Castilla.
Al finalizar los conflictos planteados en la sucesión al trono de España en el año 1700, las provincias vascas fueron las únicas, junto con Navarra, que conservaron sus fueros e instituciones. Esta situación especial despertó entre las gentes del territorio un sentimiento de identidad, de pertenencia a un estado con instituciones propias y un régimen distinto. Estos elementos, añadidos a la posesión de un lenguaje también propio, dieron como resultado, a lo largo de la Edad Moderna, una conciencia de afinidad mutua y una inclinación al particularismo.
La Guerra Carlista, que se extendió en el País Vasco desde 1833 hasta 1839, revivió la cuestión de los fueros locales. Este régimen fue finalmente abolido en 1876, aunque en febrero de 1878 se instituyó un acuerdo financiero que permaneció vigente, excepto en Álava, hasta la época de la Guerra Civil. Posteriormente sería de nuevo restaurada y continua existiendo hasta el día de hoy