El sentimiento nacionalista en Euskadi, avivado por Sabino Arana, fundador en 1895 del Partido Nacionalista Vasco, encontró al fin una salida, después de muchas vicisitudes, con la aprobación del Estatuto de Autonomía en las Cortes de la Segunda República, en octubre de 1936. Su posterior anulación bajo el régimen del General Franco marcó el inicio de la aparición de numerosos centros de tendencias nacionalistas.
La nueva situación planteada con la restauración de la democracia en España trajo consigo el reconocimiento de la singularidad histórica de este territorio con el establecimiento de un régimen de pre-autonomía en diciembre de 1977, el restablecimiento de los consejos locales y juntas generales, que habían sido abolidas en 1876 y, finalmente, el Estatuto de Autonomía en diciembre de 1979.