La romanización unificó culturalmente la Península Ibérica y dejó, además del idioma y numerosas instituciones sociales, abundantes restos artísticos. Algunos de ellos son fundamentales para comprender el arte romano, como el acueducto de Segovia y Los Milagros (Mérida), el puente de Alcántara o el arco de Medinaceli (Soria), las ruinas de Bolonia (Cádiz), Sagunto (Valencia), Tarragona y Ampurias y el circo de Tarragona.
Dos de las ruinas romanas más importantes son las de Itálica (Sevilla) y Mérida, con su espléndido teatro en el que, cada mes de julio, se ofrece un festival internacional de teatro clásico. La gran cantidad de restos romanos en esta ciudad llevó a la construcción del Museo Nacional de Arte Romano, inaugurado en 1986.
Si durante los cinco primeros siglos Hispania fue moldeada según el patrón romano, el favor fue devuelto muy pronto en forma de sus hijos más capaces -algunos de los cuales llegarían a ser emperadores: Trajano y Adriano. Marco Anneo Séneca, Lucio Anneo Séneca y Marco Anneo Lucano representaron una familia excepcional. Otras figuras importantes fueron el geógrafo Pomponio Mela, el escritor de tratados de agricultura Columela, el erudito Quintiliano y el mejor poeta epigramático, Valerano Marcial.
El legado de Roma impregnó las instituciones y el mundo del Derecho. Introdujo, a través del latín vernáculo, casi todas las lenguas de la península con la excepción del euskera (lengua vasca): el castellano, catalán, gallego y portugués.
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MUSEO NACIONAL DE ARTE ROMANO
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