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La Recuperación de la Posguerra y la Transición Democrática

El exilio de la mayor parte de los intelectuales y las restricciones impuestas por el nuevo régimen crearon un intervalo del que España se recuperó gradualmente. Los intelectuales del país en el exilio fueron extraordinariamente activos haciéndose responsables de la transmisión de la cultura española: Francisco Ayala, Ramón J. Sender, Max Aub, Gil Albert o Pau Casals son ejemplos destacados.

Dentro de España se crearon dos movimientos opuestos. Algunos intelectuales se integraron totalmente con el sistema político franquista, mientras que otros desarrollaron sus actividades intelectuales o artísticas como una forma de resistencia.

La poesía más estética de Luis Rosales y Leopoldo Panero dejó paso al realismo social de Blas de Otero, Gabriel Celaya, José Hierro, Carlos Bousoño o a la reafirmación de movimientos nacionalistas o vanguardistas como la poesía de Salvador Espriu y el grupo de los "novísimos" con Barral y Castellet al frente.

El teatro en la década de los 40, fundamentado en valores tradicionales, cambió de dirección, primero hacia la comedia del absurdo de Jardiel Poncela, Miguel Mihura y Edgar Neville. Más tarde, Buero Vallejo y Alfonso Sastre introdujeron en el drama connotaciones sociales y políticas.

La novela se recobró lentamente y se concentró en mostrar al lector una radiografía de la época: Camilo José Cela, Luis Martín Santos, Torrente Ballester, Miguel Delibes, Carmen Laforet, Sánchez Ferlosio, Fernández Santos y Juan Goytisolo formaron una generación de narradores que cultivaron una serie de nuevos valores. La familia de Pascual Duarte de Cela y Nada de Laforet son las novelas más destacadas de este período.

En las artes plásticas, hubo un movimiento de renovación de abstracción pictórica: Tapies, Saura, Canogar, Miralles, Guinovart, que más tarde se dirigió hacia el realismo crítico -Genoves- y el arte pop con Equipo Crónica. En la escultura, el estudio de las formas y volúmenes son constantes en la obra de artistas como Chillida y Oteiza.

Con respecto a los movimientos de oposición ya mencionados, a lo largo de tres décadas (1940-70) la industria del cine siguió diferentes direcciones. El cine estilo "imperial" representado por CIFESA cedió pronto ante un cine más comprometido representado por Bardém y Berlanga y, más tarde, las últimas producciones de Saura y Berlanga.

La vuelta de la democracia supuso una nueva etapa para la cultura española que, tras cuatro largas décadas, fue liberada de sus ataduras y recuperó totalmente sus posibilidades de comunicación externa y su conexión con el público. Desde 1978, una década bastó para que la cultura española recuperara una vitalidad con la que es fácil sentir el gozo de la libertad.

Actualmente la política cultural de las autoridades españolas se centra en el apoyo a la creatividad y la creación de infraestructuras.

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