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Estabilidad y Desarrollo Económico, 1959-1974

Con el Plan de Estabilización se produjo en España un importante cambio de estrategia en la política económica: la apertura de las fronteras a la entrada de mercancías y capital extranjero.

Esta apertura comercial, junto con la baja competitividad de la economía española y la fuerte necesidad de capital, productos y materia prima, tuvo como resultado un notable déficit crónico en la balanza comercial, que fue financiado por la entrada de capital a España a través de la explosión del turismo en los años 60: el dinero enviado a casa por los trabajadores españoles emigrados a los países mas desarrollados, y las inversiones extranjeras. El nuevo modelo produjo un gran crecimiento en los ingresos nacionales y de producción.

De todas maneras, fue un crecimiento muy poco constante. Los periodos de expansión eran inmediatamente seguidos por periodos de recesión. Cuando la producción se incrementaba rápidamente, generaba un déficit en la balanza de pagos, lo cual, dado el régimen de tipos de interés fijos, producía una pérdida progresiva de las reservas de capital, haciéndose necesaria entonces la adopción de medidas de restricción económica. La recesión generaba un nuevo equilibrio de mercado y las medidas de restricción económica eran abandonadas; el ciclo se repetía una y otra vez. La economía de este periodo es un claro ejemplo de política económica del "parón- expansión".

Aunque los nuevos focos económicos revertieron inicialmente en una apertura a otros países, esto no significó una apertura total ni una liberalización global, ya que proliferaron las restricciones cuantitativas en importación y la protección de la industria nacional frente a los competidores extranjeros. Tampoco la economía interior se había flexibilizado, lo que suponía que las fuerzas del mercado no eran  las responsables de la distribución de los recursos. Eran frecuentes los subsidios a empresas, los circuitos financieros privilegiados en determinados sectores, los precios de la administración,  la falta de competición en el sistema financiero, etc. En definitiva, se mantuvo un concepto paternalista y protector del Estado, lo cual, después de 1964, dió forma a los planes de desarrollo concebidos en España con un planteamiento indicativo teórico.

La política monetaria aplicada durante los años 60 estuvo caracterizada por los siguientes aspectos:

Primero, fue una política monetaria pasiva y hasta 1971 no contó con los instrumentos necesarios para controlar las acumulaciones monetarias.

En segundo lugar, era una política de dinero barato, en el sentido de que, debido a la posibilidad del descuento automático en la Deuda Pública en el Banco de España, no se podían producir situaciones de rigor monetario.

Y tercero, se trataba de una política que permitía la financiación que el desarrollo económico requiere.

Esta política generó un uso del capital mas intenso, de lo que se podía esperar, por parte de los recursos físicos de capital del país. Este hecho, junto con la abundante fuerza de trabajo, mayor incluso debido a la disminución del empleo en agricultura, como resultado de la industrialización, y la incorporación de la mujer al mundo laboral, facilitado por el crecimiento del sector terciario, significo que, a pesar del fuerte crecimiento económico, no se consiguió un empleo total, lo que originó la emigración de los años 60.

El sector industrial se asentaba sobre todo en los sectores del metal y de las navieras, así como en la tradicional industria textil y del calzado. La industria tecnológica fue la norma y su competitividad estuvo basada en el bajo coste de producción, lo que, en relación al trabajo, significó una mano de obra barata y poca inquietud industrial, y un capital basado en un sistema monetario de dinero barato.

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