El sistema tributario español resultaba regresivo e ineficaz, hasta que el primer Gobierno democrático llevó a cabo la reforma tributaria, de manera que la carga impositiva aumentó considerablemente, como resultado de una gestión y recaudación más firme a partir de 1983. Aunque la carga impositiva creció del 28,1% de PIB en 1982 al 35% en 1990, todavía está por debajo de la media de la Comunidad Europea. Realmente, según los datos de la OCDE, la carga impositiva en España era la segunda más baja en Europa en 1989, a pesar de que su incremento durante los años 80 fue mas notable en España, y en general en los países más pobres, que en el resto de los Estados de la Comunidad Europea.
El actual sistema tributario español está basado principalmente en tres clases de gravámenes: impuestos, tasas y contribuciones especiales. Estos dos últimos son mucho más bajos que los verdaderos impuestos y originalmente eran recaudados en pago por los servicios públicos proporcionados por las autoridades o por cualquier tipo de beneficio resultante de los servicios públicos.
Hay tres niveles de impuestos en España:
1.- Tasas directas: - De ingresos: * De sociedades. * Personales. - De bienes (sólo afecta a la persona): * Impuesto sobre los valores netos. * Impuestos sobre la herencia. 2.- Tasas indirectas: - Impuesto sobre el valor añadido (IVA). - Tasa de transferencia. - Impuestos sobre comercio extranjero: tasas de importación. - Tasas especiales.
